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Domingo, 27 de septiembre 2020, 10:32
Hay recetas especialmente pensadas para reciclar las sobras. Y es que nunca se ha tirado la comida. Es más, las migas, por ejemplo, es la utilización del pan que ha sobrado días atrás junto con otras sobras. Todo se usa.
Otro ejemplo son los canelones de San Esteban que se preparan desde hace mucho tiempo en Cataluña. El día 26 de diciembre y se utiliza todo lo que ha sobrado de los días anteriores. Unos canelones que son tradición y que vuelve a reunir a las familias en torno a la mesa. Carne picada, pollo, pavo…, todos los materiales que han sido principales el día de Navidad o en Nochebuena, mezclados y preparados para componer otro plato principal.
¿Quién limpia ya la carcasa de una pularda o de un pollo o del mismo pavo para sacar todos los restos de carne que allí se encuentran? Poca gente, muy poca. Y de ahí, con un poco de esa grasa, se componen con una bechamel unas croquetas magníficas.
Las amas de casa han sido durante décadas unas expertas en preparar este tipo de platos, máxime después de fechas tan señaladas como las reuniones navideñas. Pero es más fácil tirar todo y comprar de nuevo. Eso sí, además de dinero se pierde el placer de preparar un nuevo plato.
Estamos en invierno y las sopas son también un magnífico «recibidor» de sobras. Con unos pocos vegetales podemos limpiar o aprovechar lo que se ha dejado, sea de carne o de pescado.
Los cuatro langostinos «viudos» y secos que se quedaron en el plato, al igual que algunos mejillones y cualquier otra vianda más, junto con otros ingredientes pueden llegar a ser un nuevo plato sensacional. Eso sí, hay que poner la imaginación a funcionar.
Lo mismo ocurre con las empanadillas, uno de los platos que los niños han acogido siempre con alegría. Las empanadillas son también un magnífico contenedor de sobras que, bien aderezadas con un poco de tomate o con cualquier otra salsa, llegan a configurar nuevos sabores.
No hay más que pensar en la palabra «txerrijana», comida de cerdos. Y es que todas las hojas de lechuga, las peladuras de las patatas…, servían para dar de comer a los cerdos. Por eso, por derivación, se ha llamado en muchos lugares «txerrijana» a la basura, fundamentalmente porque se tiraban productos vegetales, y no plásticos ni cartón.
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