En Barcelona

La Taverna del Clinic o el camino para triunfar

Dos hermanos que han unido la constancia y el hacer las cosas bien

| diariovasco.com | 01/10/2014 |

La Taverna

La Taverna del Clinic [Foto: Simoes]


Carrer del Rosselló, 155
Barcelona,
Barcelona 08036


Están ahi fuera. Existen. Son jóvenes y deciden meterse en negocios de cocina con el bagaje sus justos conocimientos y su obsesión. Lo mejor es que el negocio les va enseñando el camino y si triunfan saben que no es por suerte sino porque lo están haciendo bien y así es como siguen haciéndolo.

Se llama La Taverna del Clinic, está en Barcelona y lo llevan Toni y Manel Simoes, dos hermanos, hijos de un cocinero/restaurador de renombre en Barcelona, que un día de hace 8 años se liaron la manta a la cabeza y, en lugar de quedarse a la sombra del padre, decidieron coger una de esas tascas de toda la vida, de esas que ya tenía vida propia y darle su nueva joven vida. Toni venía de trabajar con Santi Santamaría, que ya es mucho y Manel decidió echar una mano aunque no iba por ese camino. Producto, producto, producto, no estropear las cosas, esa fue la base de sus primeros pasos. Hace unos tres años ya eran la gran espperanza barcelonesa, la gente hablaba de una tasca pequeña y tradicional al lado del Clinic de Barcelona (con la leyenda de que cuando le operaron al rey, bajaban a por comida para su habitación) donde se estaba haciendo cocina seria.

Desde hace unos meses el aspecto ha cambiado, ampliaron con el local de al lado, ahora es un restaurante moderno aunque han conservado la barra de mármol, de esas de antes, y aún puedes comer en ella.

Pero vayamos a lo que importa, la cocina. Desde luego, lo primero que destaca es siempre la pieza y, a partir de ahí Toni va recreando su mundo con mucho acierto. Es como un cuadro en el que la pieza principal está claramente visible y el artista va dando pequeñas pinceladas alrededor para que te fijes en lo importante, en lo que ha puesto en el centro. Uno de los ejemplos más claros es el Bloody Mary de almeja. La almeja en todo su esplendor que cuando te lo metes en la boca es todo sabor a mar y luego te llega el sabor intenso del Bloody Mary, hasta con un poco de picante al final.  O el tartar de ostra con dashi, una presentación en la que no ves la ostra pero sabes que está ahí, una textura en boca diferente, sin la viscosidad de la ostra, pero esta todo el sabor que ni siquiera la salsa dashi (¿salsa o sopa?) puede con él, pero después te llega la intensidad del dashi. Y para demostrar que lo suyo es el amor al producto y los sabores quiero destacar dos platos, uno de tagliatelle con trufa blanca, tal como debe ser y la gamba de Palamós sin tonterías.  Completa el menú el dento, un pescado de roca mediterráneo que sirven con alcachofa y espárrago en esta época, un atún con salsa de miso, una papada con ceps y un pichón enteramente hecho a la sartén. Tienen una muy buena exposición de quesos en barra, lástima que no incluyan una selección en plato.

La carta de vinos con 700 referencias se presenta en tablet, es práctica y está muy bien compensada. Lo mejor es que es una declaración de la importancia que le dan a los sabores porque hay mucho donde elegir entre cavas y champagnes. La atención en sala dirigida por Manel es sencilla, pero destaca el punto de elegancia que le ha dado que más de una estrella querría para sí.

Es una historia conocida y la hay en muchos sitios, y cuantos se han quedado con lo que tienen, van a lo seguro. Estos hermanos no, confían en lo que hacen, confían en el producto y tienen en sus manos la historia de una superación y con la constancia tienen el éxito asegurado si siguen por ese camino.