Los amantes de la cocina tradicional y de los sabores de siempre tienen una cita obligada en el local que ocupa el número 4 de la donostiarra calle Manterola. Se trata del Restaurante Asador Txokolo, cuyo nombre rinde homenaje al popular txistulari José María Gurruchaga Aldasoro, más conocido por ese sobrenombre.
No en vano el recibidor de este acogedor establecimiento impulsado por el matrimonio formado por Iñaki Illarramendi y Mª Carmen Aginagalde da la bienvenida a los comensales ante un fantástico lienzo del instrumentista guipuzcoano y su combo de txistu y tamboril. Este gusto por lo popular en la música y el folklore se traslada también a los fogones. Y es que, con trabajo y esmero, el asador Txokolo se ha convertido en la actualidad en uno de los referentes de la gastronomía tradicional vasca, según los paladares más exigentes y expertos.
Su carne a la brasa, un clásico
Desde 1981 el tándem Illarramendi-Aginagalde, ayudado por sus hijos Asier, Iñaki y Julen, ha ofrecido desde sus cocinas una variada y exquisita carta en la que el protagonismo recae sobre los productos tradicionales, de temporada y cercanos, con los que se elaboran platos de toda la vida y de calidad incontestable. Como asador que es, el Txokolo es especialista en carnes y pescados a la brasa de carbón vegetal. No hay paladar que pueda rendirse a su rodaballo, rape o, los más caprichosos, a su besugo. Tampoco a ninguna de sus chuletas.
Si bien, para abrir boca hay mucho y muy bueno donde elegir: alcachofas con jamón, pimientos del piquillo rellenos, revuelto de ajos y bacalao, ensalada de ventresca, txipirones a la plancha, cogollos de Tudela con anchoas.
Los pimientos del piquillo asados a la leña vuelven
a la carta con fuerza
Pero entre todos los entrantes el plato por excelencia, atendiendo a su demanda, son los pimientos del piquillo asados a la leña. Se trata de un plato simple pero delicado que, tras unos meses de ausencia en la carta, vuelve con fuerza a la carta del asador Txokolo y que todo apunta a que se convertirá en la estrella del otoño-invierno.
Y si todo ello no fuera suficiente, todavía espera un recital de postres caseros, que ponen la guinda a un menú sencillo en lo gastronómico pero máximo en lo referente al placer y la calidad.




