Varias familias disfrutan de sus opillas en San Marcos [Foto: Floren Portu]

Tradicional festividad

Las opillas volvieron a reinar en San Marcos

El día de San Marcos estuvo marcado por el fuerte viento y la escasa lluvia pero ello no impidió que cientos de iruneses se animaran a bendecir y degustar de sus opillas

diariovasco.com | 26/04/2012 |

JOANA OCHOTECO. Las opillas volvieron a ser las grandes protagonistas en la comarca de Bidasoa, en la que es una de las tradiciones más entrañables: San Marcos. Las había con yema, con mazapán, bizcochos con almendra, huevos pintados o de chocolate... Había opillas para todos los gustos. Seguro que las madrinas acertaron en su compra, para disfrute de sus ahijados.

Si bien los nubarrones que reinaban durante la mañana de ayer no resultaban demasiado halagüeños, el tiempo respetó las bendiciones y no hubo que lamentar la presencia de la lluvia. Miles de irundarras acudieron a las distintas parroquias de la ciudad para bendecir sus opillas, a pesar de que este año San Marcos haya caído entre semana. En 2010 fue domingo y en 2011 coincidió con el lunes de Pascua, por lo que los bidasotarras llevaban dos años disfrutando de unas opillas más festivas que nunca.

Había opillas para todos los gustos: bizcochos con almendra, huevos pintados o de chocolate, con yema,...

No obstante, en el Juncal fueron centenares los ciudadanos que abarrotaron la plazoleta o subieron a los pretiles para escuchar las palabras del párroco Fernando Jiménez, quien sobre un tablado pronunció un breve oficio religioso. Tras rezar un Padrenuestro, los asistentes alzaron sus bizcochos, mientras Fernando Jiménez bendecía «estas sencillas opillas, regalo de nuestras madrinas que nos quieren y aprecian. Las vamos a compartir y a comer juntos».

Cientos de personas festejaron San Marcos

Una vez concluida la ceremonia de la bendición, Fernando Jiménez comentaba en euskera que «todo ha ido bien, como todos los años. Ha habido mucha gente y el tiempo nos ha acompañado, por lo menos no ha llovido».

Ciertamente todos pudieron degustar sus opillas durante la jornada, pero la mayoría optaron por hacerlo a cubierto ante la amenaza del cielo encapotado. «No, al monte no vamos a subir», aseguraba tras la bendición Maite, rodeada por sus cuatro nietos. «Por la tarde merendaremos en casa con el resto de la familia. Tiene pinta de que va a llover, pero en fin... Ya estamos acostumbrados», comentaba esta irunesa con resignación.