Elegir vino blanco tono

El tono nos puede decir muchas cosas del vino blanco a la hora de elegirlo [Foto: diariovasco.com]

Enología

Elegir un vino blanco por su tono es posible… conociendo su significado

El arte de saber escoger un buen vino se ha convertido en los últimos tiempos en un valor reconocido en sociedad. El tono del mismo puede ser un criterio a la hora de decantarnos por uno u otro

diariovasco.com | 15/12/2017 |

Podemos saber mucho sobre un vino blanco no sólo por su color, sino también por su tono. La moda más extendida se centra en los tintos, pero el vino blanco presenta muchos matices en su coloración que pueden ser un factor clave para adquirir una u otra variedad o sorprender a amigos en una reunión.

Como dato base, hay que recordar que el caldo origen de todos los vinos es claro, sean tintos o blancos, y como ejemplo se puede citar algunos champagnes franceses que se elaboran con uvas tintas.

Los blancos más maduros tienen un amarillo más intenso; el joven, más pajizo

La diferencia, por lo tanto, radica en el proceso, y en el caso de los blancos su color responde al escaso o nulo contacto, durante su fermentación, del mosto con las pieles de las uvas que contienen la pigmentación.

Para conocer si un vino es joven, y es de calidad, es necesario mirar primero su color y comprobar que es un amarillo claro, pajizo brillante, que demuestra su frescura. Los vinos destinados a su consumo joven y fresco presentan un color pajizo que abarca una gama del claro al verdoso en función de su acidez.

Los más maduros, en cambio, tienen un amarillo más intenso, con un color oro e incluso ámbar. Este tono garantiza que han envejecido bien en un entorno protegido del aire y en un medio antioxidante y reductor.

El color del vino blanco es un excelente indicador para conocer en un primer momento, sin prácticamente abrir la botella, su calidad y estado. Si tenemos entre manos una botella con un producto amarillo oscuro, ocre, suele ser defectuoso y oxidado.

Envejecimiento apresurado

Esto ocurre cuando se ha realizado un envejecimiento apresurado. En estas situaciones, la elaboración no ha contado con un aislamiento lo bastante bueno, por lo que ha entrado demasiado oxígeno. Este elemento quema u oxida los taninos, lo que hace que el color se oscurezca. La conservación también influye, puesto que si no es la correcta puede acelerar este envejecimiento.

Por este motivo, si queremos obsequiar a alguien con un buen vino blanco maduro, tendremos que buscar una botella con elegantes matices dorados, color oro brillante y, en el caso de los más añejos, un tono ámbar muy característicos.

En cualquier caso, hay que recordar que muy pocos vinos blancos están hechos para durar más de un par de años. Los vinos blancos viejos pierden su brillo y, con el paso tiempo, se vuelven más opacos. A causa de la sensibilidad a la luz, los vinos blancos se harán más anaranjados a lo largo del tiempo.