Un roscón de Reyes

Todos los roscones de Reyes suelen contener una sorpresa [Foto: diariovasco.com]

Tradición

El descubridor del haba en el roscón de Reyes, ¿afortunado o hazmerreír?

Es el dulce indispensable el 6 de enero, aunque algunos sucumben a la tentación y lo adelantan un día. A la hora de repartir las porciones entre los comensales, todos se miran entre ellos para averiguar a quién le ha tocado el haba. Pero, ¿a qué se debe esta tradición?

diariovasco.com | 02/01/2015 |

Para conocer su origen hay que acudir previamente al nacimiento de este postre, en el siglo II a.C., cuando todavía tenía forma de torta. Era el producto más típico de una celebración llamada ‘las Saturnales’. Se trataba de festejar el final del periodo más oscuro del año y el inicio de la luz que realizaban los campesinos y esclavos, excusados durante estas semanas de cualquier trabajo.

En la Edad Media, el ‘rey del haba’ gobernaba durante un día

Con el paso de los siglos, en el III d.C., comenzó a introducirse un haba, considerada símbolo próspero y de fertilidad. Aquel que la encontraba era muy afortunado, puesto que esta legumbre le auguraba prosperidad el resto del año.

La evolución histórica acabó con estas fiestas, pero no con el Roscón de Reyes, ya con la forma que conocemos hoy día. En la Edad Media, el haba dejó de tener su significado inicial. En torno al día de Reyes se elegía a una figura conocida como ‘el rey del haba’. Se trataba de una persona insignificante al que se le autorizaba a reinar por un día un territorio en el que todo estaba del revés. El abad dejaba de mandar y los caballeros eran objeto de crueles bromas por parte de los pícaros.

El ‘tontolaba’

Una vez pasado el día, sin embargo, el rey del haba recibía su castigo y los poderosos podían considerarse vengados. Esta persona pasaba a ser el 'tontolaba', una expresión de sobra conocida en nuestros días. La tradición pasó al Roscón de Reyes, por lo que en esta ocasión, a quien le toca el haba se convierte en un efímero rey que pasa luego a ser vilipendiado. Pasa de ser un afortunado a convertirse en el hazmerreír, y de ahí que a quien le toque el haba debe pagar el roscón.

El paso de los siglos ha ido cambiando esta tradición. Comenzaron a introducirse monedas de oro como premio a quien encontrara el tesoro del Roscón, se optó por esconder un muñequito y un haba a la vez para saber quién era el afortunado y quién el tonto del haba… Hasta llegar a nuestros días, en los que se ha popularizado la presencia de figuritas aunque, eso sí, lo que no ha cambiado es la obligación de pagar el postre.