Sonia Olano

Sonia Olano es el motor de Bodegas Castillo de Monjardín [Foto: diariovasco.com]

Una bebida fresca

Los vinos blancos, en crecimiento continuo

Aunque el vino es una bebida para disfrutar durante todo el año, está claro que para muchos, cada estación tiene sus preferencias. En el caso del verano, el blanco es el gran protagonista. Si bien es cierto que en el territorio guipuzcoano su consumo es habitual durante el resto de estaciones, sobre todo a la hora del aperitivo, pero las altas temperaturas de la época estival son un acicate para que apetezca probar algo fresco. En Gipuzkoa, una propuesta destaca sobremanera por encima del resto, y no es otra que la de Castillo de Monjardín. Su Chardonnay fermentado en barrica es uno de los preferidos por el consumidor del territorio, y rara es la carta de cualquier restaurante en la que no esté incluida.

diariovasco.com | 16/07/2014 |

Se podría decir que Sonia Olano, donostiarra de nacimiento, es la gran señora de las Bodegas Castillo de Monjardín. Además de su propietaria, es la jefa de ventas y exportaciones de la bodega, y la principal responsable de que este vino se haya convertido en una referencia en el mundo de los vinos, gracias a su apuesta por la innovación y las nuevas técnicas implantadas en un sector tan poco propenso al cambio. Situada en la zona Media de Navarra, a los pies de los Pirineos, su cercanía con la frontera con Francia le ha aportado la tradición de la elaboración de variedades como Chardonnay, Cabernet Sauvignon y Merlot. Además, elabora grandes Garnachas y Pinot Noir con un perfil fresco y afrutado.

¿Cómo definiría la historia de la bodega en los últimos años?

Dentro de la historia de la familia, que ha estado siempre involucrada en el mundo del vino, se produjo en el año 86 un salto cualitativo en la bodega, llevando el trabajo que se venía realizando a una dimensión más profesional. Se introdujeron técnicas nuevas, se realizó un estudio pormenorizado de los terrenos que tenía la familia, así como de los viñedos, las plantaciones.

Con estos datos, se hizo una replantación conforme a lo que nos daba el terruño y las zonas climáticas, dando como resultado 220 hectáreas de viñedos repartidas en zonas climáticas diferentes: la mitad situada en Tierra Estella y la otra, en la Ribera Alta, lo que nos da la posibilidad de tener uvas blancas y uvas tintas que puedan necesitan más frescor o calor, según el caso.

Asimismo, se comenzó la construcción de la nueva bodega, empleando para ello las últimas tecnologías: se introdujeron los aceros inoxidables, las prensas neumática, los fríos… que ha permitido que los vinos sean más puros, más limpios en boca, con una fruta más clara.

¿Cómo definiría los vinos de Castillo de Monjardín?

La zona de Tierra Estella en la que estamos asentados es alta, fresca, y da como resultado vinos de un corte elegante, no pesado, con un equilibro entre la fruta, la acidez y el alcohol que está bastante conseguido.

En Gipuzkoa, su Chardonnay es muy apreciado por los consumidores. ¿Por qué?

Cuando salimos al mercado hace 30 años, quisimos separarnos un poco del estereotipo de Navarra, con una marca muy que tuviera muy clara su filosofía, y de hecho, al principio no hicimos rosados, sino solo blancos y tintos. En este sentido tengo que decir que fuimos la primera bodega en España en elaborar blancos fermentados en barrica, fue el primer Chardonnay reserva que incluso necesitó de una legislación especial en Navarra. Y seguimos siendo los únicos.

Como he dicho antes, Monjardín es una zona única, donde se conjugan unas características que nos da pie para hacer un vino como éste, que nos ha dado una fama internacional. Es un vino distinto, especial, y en Gipuzkoa ha calado muchísimo, la aceptación ha sido buenísima y las ventas han sido siempre muy importantes, entre otras cosas porque es un mercado al que le hemos dedicado mucho esfuerzo. Pero también tengo que decir que era más fácil meter un vino blanco que un tinto, ya que apenas había competencia. El caso de Gipuzkoa es curioso porque el consumo de vino blanco ha sido importante históricamente. Es un territorio siempre abierto a cosas diferentes, no sólo el tinto como pueden ser otras provincias, y este es un dato que he comentado con otros colegas, como en el sector del cava.

El caso de Gipuzkoa es curioso porque el consumo de vino blanco ha sido importante históricamente

¿Cuál es la producción anual de la bodega?

De nuestras 220 hectáreas estamos haciendo un millón y pico de litros cada año: el 25% de blanco, el 10% de rosado y el resto, de tinto.

¿Y su implantación a nivel internacional?

Ya he dicho que nuestra filosofía no tiene que ver con la de otras bodegas navarras. Cuando empezamos a comercializar nuestros vinos, en vez de centrar todos nuestros esfuerzos en el exterior, decidimos centrarnos en la hostelería, en las grandes cadenas, la tienda pequeña. Hicimos marca, que era lo que nos interesaba en ese momento. Queríamos demostrar que era posible hacer un gran vino que fuera muy diferente a lo que había. Esos frutos los estamos recogiendo aún, de tal manera, que el 70% de nuestra producción la vendemos en hostelería y en España. El resto viaja a mercados muy punteros, donde hay una demanda de vinos de calidad: Bélgica, Suiza, Austria, EE.UU. y Japón, principalmente.

¿Cómo es la competencia fuera de nuestras fronteras?

Brutal. Una vez que sales al extranjero tienes que competir con muchísimos países que también producen vino, como Francia, Italia, EEUU, Australia o muchos otros de Sudamérica. Eres uno más, y para que te valoren tienes que cuidar mucho la calidad y el precio. Es una lucha mucho más fuerte que la interna.

Durante su historia reciente han recibido más de 100 medallas internacionales y han sido incluidos en importantes publicaciones. ¿Cuál es el reconocimiento que le hace más ilusión?

Es así, en nuestra historia sumamos una serie de reconocimientos continuados, como por ejemplo premios importantes como los que se conceden en Bruselas o Burdeos. Pero yo me quedaría con el reconocimiento que se nos da en la prensa. Que la prensa, más involucrada en hacer selecciones semanales, y no los grandes gurús, quizá más mediatizados, reconozca tu trabajo, me parece más profesional y me hace muchísima ilusión, realmente me parece muy interesante. Pienso que están hablando de mi vino porque les gusta, y para mí es lo más importante.

¿Están trabajando en algún tipo de novedad?

En el mundo del vino se busca la tradición: pruebas algun un día y no quieres que te lo cambien, porque te ha gustado. Por ello no hemos cambiado en cuanto a vinos, pero sí que el año pasado probamos una nueva técnica de vinificación. Se trata de un rosado elaborado a partir de una técnica muy diferente a la del método tradicional, por sangrado. Utilizamos, como siempre, uvas tintas de Navarra, pero la vendimia fue nocturna, lo que se ha traducido en un vino muy afrutado y súper limpio en boca, muy claro, en el que no desentona ninguna nota.  El vino es como la como música, tiene que ir todo muy bien envuelto, que suene bien, y a nosotros nos ha salido un rosado que ni la Quinta Sinfonía de Beethoven.