Botellas

Botellas de la cata histórica [Foto: Chivite]

El porqué de una cata

28 joyas de colección

Relato de una cata histórica con Chivite Colección 125 Aniversario

| diariovasco.com | 09/03/2016 |

120 apasionados del vino, entre sumilleres, bodegueros, los más grandes bodegueros, cocineros, prensa especializada, críticos y quien esto escribe; más de 3000 copas de las mejores, Riedel, y 12 alumnos de sumillería abriendo 280 botellas de vino son las cifras más llamativas de la cata histórica de la bodega Chivite Family Estates realizada esta semana en Madrid. Pero más allá de las cifras ¿por qué se hacen este tipo de catas? Son vinos sacados de la bodega para la ocasión y la inmensa mayoría ni se venden ni están al alcance del común de los consumidores.

Para el mundo del vino tienen un sentido muy importante, en un evento de estas características es donde se conoce la pasión de una bodega por el vino. Se busca el disfrute de quien sabe apreciar estos vinos, se comparten vinos únicos, se aprende de vinos y se aprende el sentido de palabras como "emoción, respeto y memoria" como decía en su presentación Alberto Fernández, (bodeguero, sumiller y hostelero) y, por encima de todo, con estas catas se aprecia el trabajo serio, el trabajo hecho con el corazón, vinos que duran, que durarán y que por eso hay que encontrarse con ellos hoy y guardarlos..

Chivite Family Estates (popularmente conocida como Chivite) lleva haciendo vinos desde hace varias generaciones (desde el siglo XV) pero no fue hasta los años 90 en que Julián Chivite dio el paso decisivo que ha permitido catar algunos de los mejores vinos que se pueden encontrar en el panorama mundial, sí he dicho mundial, porque algunos de estos vinos ya se aplaudieron en una reciente cata en Londres y se compararon con los más grandes vinos franceses. Ese paso decisivo fue pensar que "el vino ya no es de uva, sino de suelos" como dijo Josep “Pitu” Roca (Celler de Can Roca) en su presencia digital: "entender el terroir antes de que nadie hablara del terroir"

Una pieza clave del evento fueron las presentaciones de los vinos, jóvenes enólogos entregados como Alvaro Palacios o Peter Sisseck; Enrique Valero (Director General de Abadía Retuerta) el jerezano genial que aportó su detalle preciso o Guillermo de Aranzábal, presidente de Bodegas Rioja Alta y Alejandro Aznar, presidente Bodegas Marqués de Riscal que asistían seducidos por el ambiente.

La admiración iba aumentando desde el primer vino, un tinto Reserva del 92 que aún estaba joven con fruta y cueros en nariz, o al descubrir un 2000 aún lleno de acidez y con buena estructura o el 04 perfecto de fruta y especias y, sobre todo, sentir el cambio radical que se produjo a partir del 2009 en que se decidió hacer el Colección 125 tinto 100% tempranillo, vinos redondos y perfectos con una gran capacidad de envejecer. Fueron 11 vinos 92, 94, 97, 00, 02, 03, 04, 05, 09, 10 y 11

Llegaron los blancos. Empezamos con un 2013 que ya está en su momento pero si lo quisieras guardar te encontrarás con las emociones que vivimos con el 09, 08, 07, 06, 05, 04, 03, 00, 98, 97, 96 y 94 fueron todos vinos sorprendentes, además, encuentras un tono dorado de los vinos más viejos y sabes el por qué los llaman joyas de colección y el por qué de hacerlo en el Palacio de las Alhajas, e intuyes una miel, el toque graso que te invade y, por encima de todo, la elegancia de unos vinos únicos y diferentes rozando la  perfección.

Cerraron la cata tres vinos dulces de moscatel, vendimia tardía, los llaman vinos de postre pero cuando catas el 98 te das cuenta de que el adjetivo le queda corto. Es un vino para comer, pero no las cosas típicas como el foie o un queso fuerte, hablaba con dos hosteleros a mi lado que coincidían en que incluso con una caza le iba bien semejante vino complejo, lleno de sutilezas.

Un buen vino debe ser como un sopapo cuando estás adormilado, te tiene que sorprender, te tiene que despertar, como una obra de arte que te emociona y te revuelve el espíritu decíaDenis Dubourdieu, asesor enológico del Grupo en esta cata histórica hubo tanto de todo eso que al final sólo pudimos ponernos de pie aplaudiendo a Julián Chivite por una jornada histórica.